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| foto: btocruzado |
| Eran las 8 de la mañana del sábado, yo acababa de bañarme y empezaba a preparar lo necesario para una de los acostumbradas caminatas que hago con juanca, paseos donde damos rienda suelta a nuestra necesidad de fotógrafos aficionados. Esta vez pensamos en conocer el Callao, o por lo menos una parte de él; la Punta, quizá Chucuito, o algo más por ahí. Salimos a las 8 y 30, cámaras listas, unos soles para los pasajes y con el plus de la compañia de enrique.
Después de 40 minutos en carro salimos de Lima y bajamos a 1 cuadra del Real Felipe. No habíamos dado ni 10 pasos cuando recibimos unas severas palabras de bienvenida: “cuidado con las cámaras!!”, bueno, pensé por un momento que los problemas de Lima, son los problemas del Perú no?. Prácticamente a la entrada del Callao se encuentra el Museo del Ejército Real Felipe, donde por 6 soles tomamos un tour de 2 horas muy agradables, la fortaleza tenía un aire de lugar abandonado, todo en ocre, y una brisa marina como para pasear totalmente relajado. A la 1 de la tarde salimos del museo y seguimos con la ruta; en el camino vimos por la ventanas de la custer que Chucuito estaba todo lleno de color, cada casa de un rojo, un verde, un azul… algo muy bueno para la imagen del lugar, aunque no nos animamos a bajar, quizá porque aún recordábamos muy dentro de nosotros la advertencia que nos habían hecho unas horas antes. En fin, 10 minutos después llegamos a La Punta, que es como una península, el mar a cada lado, con una apacible plaza central, casas y muchas de las clásicas bodegas o “tiendecitas de la esquina” – que casi ya no se ven tantas juntas por aquí debido a la construcción de más y más grandes almacenes; y todo esto, bordeado por un bello malecón y una playa muy segura (esto fue la curiosidad del viaje) debido a la presencia de un personal bastante numeroso de los llamados “Serenazgos” (el nombre que se le dio a las personas de seguridad hace algún tiempo, casi casi alcanzando en popularidad a los conocidos “huachimanes”). Dimos un recorrido por la playa, todo de piedras por cierto, empezando por el borde derecho y dando la “vuelta en U” completa. Casi al final del recorrido se encuentra el Centro Ecológico La Arenilla… algo así como una laguna formada entre el mar y el malecón del lado izquierdo de La Punta, donde lo mejor de la vista era su pequeño muelle color naranja que nos daba una maravillosa despedida. A media tarde de una tarde cualquiera, con un rico viento sobre “La Arenilla” donde vecinos y visitantes pasaban el rato despreocupadamente, “leonor” avanzaba por el agua con la responsabilidad de llevar el amor a cuestas. |


