
en la salita remodelada. Foto: btocruzado
Y de un momento a otro rafo se apareció en lima y nosotros ya estábamos montados en el carro de sergio listos para continuar con nuestras viejas conversas. Ya habíamos hecho las llamadas y escrito los mails necesarios en las que acordábamos el encuentro de siempre en una noche cualquiera.
La vuelta a casa
La noche en realidad fue corta, pero significativa. No habíamos visto a rafo desde hace un año que viajó a londres, y en realidad tampoco habíamos vuelto a tener una reunión como de las que solíamos tener (de las que se hacían en la cocina de rafo ). Sergio nos jaló a “james” y a mí a través de un espantoso tráfico, y daniel llegó luego de su trabajo. Compramos algo de comer, una chelas, unos puchos para quienes todavía no dejaron el hábito y luego llegamos a la casa del recién llegado viajero.
Mientras devorábamos la comida empezamos a ponernos al corriente de todo un poco. La verdad es que tampoco había visto a jaime desde que ingresó a la universidad en el verano, y a daniel desde hace mucho tiempo más. Felizmente todo andaba igual, bien o casi en orden. Retomamos el hilo de la rutina entonces.
Unas chelas y empezaron a correr otra vez los temas de pearl jam en el inmortal equipo de sonido… y ahí estaban otra vez las discusiones sobre cual fue el mejor album, quién el mejor batero, acerca de la belleza del “lost dogs” y sobre por qué lo nuevo suena a nuevo. Claro que esta vez todo estaba matizado con las anécdotas de rafo en lo que fue su viaje por el reino unido. Ah claro, luego vienieron los planes: los próximos ensayos, y una tocada tributo a los noventas que planeamos a fin de año.
Por último la fotito de ley, un apretón de manos y un ahí nos vemos!
- – -
A veces los buenos tiempos pasan y por lo general quedan solo en el recuerdo. Felizmente hay veces como en este caso, que los gratos momentos se repiten… y repiten.
